Lo imprescindible fue tenerlo en el momento en que lo dije,
no como una ilusión pasajera,
sino como la encarnación de su alma y de su piel.
Lo imprescindible fue tenerlo entre mis brazos,
no como un recuerdo,
sino como una secuencia de actos
donde el amor daba forma al amor
y los besos, una maravilla,
como las canciones que el silencio construía
con sus minúsculos maullidos.
Yo le amaba y él me amaba a mí,
desde su piel dorada,
llena de bigotes donde tropezar.
Yo era una mujer
y él, un gato.
Él era el amor de mi vida.
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